Ser capaz o inteligente

Ser capaz o inteligente

A principios del siglo XX en 1905 dos psicólogos franceses, Alfred Binet y Theodore Simón publican la prueba llamada de la edad mental.
Para 1912 el psicólogo William Stern a la misma prueba la llamó prueba de cociente intelectual con el fin de puntuar los resultados del test en niños.
En 1916 se le llamó “escala de inteligencia Stanford-Binet llamada así por el psicólogo Lewis Terman y por décadas fue la prueba más popular en USA para determinar quién era inteligente y quién no lo era, se convirtió en una herramienta de exclusión cuando se creó como una evaluación para poder apoyar más a los niños que salieran con una puntuación baja en el test.

Algo que llamó mucho la atención es que se le aplicaba la prueba a gente exitosa y su calificación no era positiva

Para 1983 Howard Gardner pública la teoría de las inteligencias múltiples que defiende que, así como hay muchos tipos de problemas que resolver, también hay muchos tipos de inteligencias. Tomó la decisión de escribir acerca de las «Inteligencias Múltiples» para resaltar el número desconocido de capacidades humanas, e inteligencias para subrayar que estas capacidades son tan fundamentales como las que tradicionalmente detecta el Cociente Intelectual.
Quiero contarles una experiencia personal puede explicar mejor lo que pretendo transmitir. Cuando tenía ocho años mis papás nos llevaron a vivir a Oaxaca y el colegio donde entré a estudiar tenía una liga de baseball. Mi papá me había comprado un guante y me había enseñado a lanzar y cachar la bola, pero nada más, no tenía ningún entrenamiento previo para un juego como tal, ni siquiera conocía las reglas al 100 porciento, nunca había jugado baseball en mi vida y sin ningún consejo mi papá me llevó y me inscribió en la liga para después exigirme ser un jugador sobresaliente, mi papá veía en mi a un Fernando Valenzuela en potencia.
La primera temporada fue muy difícil para mí, era nuevo en la ciudad, sin amigos, la presión de mi papá de ser un pelotero destacado, la competencia con mis compañeros, el bullying y mi falta de experiencia, hicieron que la pasará francamente mal. Yo me creía sin habilidades y me consideraba a mí mismo como el peor jugador de la liga de todos los tiempos y por esa razón jugaba aún peor de lo que podía jugar.
Por fin terminó la temporada, llegó el verano, para ese entonces ya me había hecho de algunos amigos en la escuela, claro que todos jugaban baseball y entre ellos conocí a Luke, el hijo de un antropólogo americano amante del baseball, el papá de Luke era el entrenador del equipo donde Luke jugaba, era rubio, de lentes, siempre vestía jeans y gorra, tenía una vieja camioneta blanca que ocupaba para su trabajo y para su pasión el baseball, su hijo era el pitcher del equipo, en la batea de la camioneta siempre llevaba sacos de lona donde llevaba bates de baseball, pelotas y guantes (baseball stuff).
Durante todo el verano, cada día a las tres de la tarde pasaba por mi, me subía a la batea de esa vieja camioneta llena de niños y nos llevaba al parque de baseball que hoy se llama Vinicio Castilla en honor al pelotero mexicano oaxaqueño que triunfó en las grandes ligas con varios equipos.
A lado del estadio existían unas canchas donde entrenábamos bajo la tutela de un entrenador cubano llamado Don Pedro. Don Pedro era un hombre de color muy alto, fuerte, siempre vestido con el uniforme y la chamarra de beisbolista, cálculo de 50 años, con una actitud muy relajada que enseñaba baseball a niños de escasos recursos. Cada día asistí a entrenar con mis amigos durante todo el verano y sin darme cuenta fui cambiando mis habilidades, mi mente y lo que yo creía de mí mismo.
Para la siguiente temporada me asignaron a otro equipo llamado los pericos, el entrenador era Don Nacho Santillán, un hombre de baseball que cada que podía nos llevaba a jugar partidos fuera de la liga, con equipos de otros estados y municipios cercanos, nunca perdimos, también nos llevó en tren a jugar a Los Ángeles California, fue una gran experiencia se programaron cinco partidos de los cuales ganamos cuatro, solo perdimos el primero.
El cambio fue radical de ser banca toda la temporada anterior y sentirme el peor jugador de la liga con resultados muy pobres, me convertí en el tercera base titular y quinto bate de un equipo ganador y campeón de la liga. Recuerdo que mi entrenador anterior no lo podía creer, me pedía que volviera a su equipo y estaba muy sorprendido de mi nuevo desempeño.
Muchas veces cuando estoy entrenando a alguien me dice: coach no puedo, a lo que siempre contesto, es muy diferente que te cueste trabajo y no te sea sencillo hacerlo, a creer que no puedes. Y es que hay áreas o actividades inexploradas, si pocas veces o nunca lo hemos hecho, nos sentimos sin la capacidad para realizarlo. No obstante, la práctica hace al maestro. Siempre termino la frase diciendo: no te preocupes dame tu mejor esfuerzo. Progreso no perfección.

Tratar de medir nuestra inteligencia o nuestra capacidad es muy difícil, en mi experiencia por muchas razones, y es que tenemos la habilidad de adquirir nuevas competencias, de perfeccionar nuestro talento, de desarrollar nuestras habilidades.
Aprender, Mejorar, Crecer, Cambiar, tener éxito no es un hecho, pero es una posibilidad en cualquier área de nuestra vida; solo que hay que trabajar fuerte, tomar la responsabilidad al cien por ciento, tener hambre de una vida diferente, ya que todo se debe a nuestros hábitos, y cambiar hábitos es muy difícil. Ya lo decía el Doctor premio nobel en 1906 Don Santiago Ramón y Cajal:
Todo ser humano si se lo propone, puede ser el escultor de se propio cerebro.

La vida es un juego, pero todo juego tiene sus reglas y hay que respetarlas para poder ganar. Una vez escuché a Yokoi Kenji decir que los videojuegos tienen niveles de dificultad, y si la vida es un juego para poder tener éxito, hay que jugar en modo difícil.

I Can (yo puedo)
Es 100 veces más importante que
IQ ( siglas de la prueba de cociente intelectual)
Albert Einstein.

Alejandro Gómez